domingo, 13 de septiembre de 2015

Crítica: Reina y patria de John Boorman


En reina y patria el director inglés John Boorman retoma al personaje de su película de 1987 Esperanza y Gloria en la que contaba la historia del niño de 9 años Bill Rohan. Esta película era una especie de biografía en la que contaba sus experiencias durante la segunda guerra mundial. Ahora Bill ya tiene casi veinte años y en el servicio militar conoce a Percy Hapgood que será su mayor apoyo allí dentro. Estamos acostumbrados a ver películas de temática militar en la que se nos muestra la realidad de una forma muy cruda, la violencia de forma explícita y todo muy descarnado. No es que el director nos muestre lo que allí sucede como unas vacaciones o como un campamento de verano pero sí que es cierto que el tamiz del tiempo hace que las experiencias negativas se diluyan y se aprecie más los buenos momentos de amistad y de camarería. RSM Digby y Bradley son se lo pone fácil y serán una gran dificultad para la convivencia pero incluso ellos no son tan malos como parecen. Detrás de sus ofensas y dificultades que ponen a nuestros héroes hay unas historias trágicas que no se nos cuentan explícitamente pero que podemos intuir. El descubrimiento del sexo opuesto y lo complicado de las relaciones con las mujeres también supondrán un reto y un paso para alcanzar la madurez. El tono que utiliza el director para contar su historia es el de la comedia, el humor está muy presente aunque sin obviar las dificultades y los problemas que siempre hay a lo largo del camino. La película está amenizada por las aventuras de los dos protagonistas en el ejército burlándose uno de la autoridad y el otro intentando sobrevivir sin llamar demasiado la atención, los problemas con las chicas y cómo Bill busca el amor en una desconocida que no le corresponde. Es una historia de iniciación que resulta agradable. El mundo del cine también tiene su pequeño hueco dentro de la historia. Los dos protagonistas viven las películas de una forma especial, proyectan de alguna forma lo que ven en el cine en sus propias vidas. Utilizan frases de las películas en su vida cotidiana como si su historia fuera también una película.



John Boorman es uno de los directores que nos han dado grandes películas. De todas las películas que ha hecho personalmente la que prefiero es la de Excalibur que nos contaba la historia del Rey Arturo. La película basada en la novela de Thomas Malory contaba con la interpretación más intensa y desgarradora de Hellen Mirren como Morgana, la hermana de Arturo. En unas declaraciones ha dicho hace poco que se sentía demasiado cansado para seguir dirigiendo. Hacerlo con una película tan personal es toda una declaración de intenciones. De todos modos, esperemos que este no sea su final y que quizás siga con la historia de su alter ego Bill Rohan con una vida tan interesante porque el final deja abierto muchas posibilidades. 

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